“No todos los amores merecen ser vividos”: Gabriel Rolón y el desafío de romper patrones emocionales
En La Fórmula Podcast, el psicoanalista explora por qué el amor no basta para sostener una relación y desarma la idealización romántica desde una mirada clínica y humana. A lo largo del episodio, analiza cómo las expectativas desmedidas, las huellas de la infancia y la repetición inconsciente de patrones afectan la construcción y el quiebre de los vínculos.
LA FÓRMULA - ROLÓN - EP5 - LA ILUSIÓN DEL ENAMORAMIENTO
En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el psicólogo y psicoanalista Gabriel Rolón se sumergió en una de las preguntas más incómodas y universales: ¿qué sucede cuando el amor no alcanza?
A lo largo de la charla, Rolón exploró los límites de los vínculos afectivos, la idealización del amor y los desafíos de sostener una relación cuando el sentimiento por sí solo resulta insuficiente. Con su mirada clínica y sensible, analizó cómo influyen las expectativas, la historia personal y las huellas del pasado en la construcción —y la ruptura— de los lazos amorosos.
En este capítulo, el quinto de la serie, la conversación invita a revisar creencias arraigadas sobre el amor, a reconocer sus zonas grises y a pensar el trabajo emocional necesario para construir vínculos sanos. El episodio completo puede escucharse en Spotify y YouTube.

Gabriel Rolón analiza los límites del amor en las relaciones de pareja (Imagen Ilustrativa Infobae).
-¿Qué sucede cuando amar no alcanza? Cuando uno está en un vínculo, siente amor por esa persona, pero ese sentimiento no es suficiente para sostener la relación.
—Te tengo una mala noticia: el amor nunca alcanza. Solemos pedirle demasiado al amor. El amor es una emoción muy idealizada, tan idealizada que pensamos que siempre es una buena emoción. Alguien viene y dice: “Bueno, pará, estar enamorado es lo más lindo que te puede pasar”. ¿De verdad? ¿Y si te enamoraste de alguien que te pega? ¿Y si te enamorás de alguien que te traiciona, que te ofende, que te ignora? No todos los amores merecen ser vividos.
Entonces, lo primero que hay que hacer es bajar un poco la idealización que tenemos del amor. Yo tuve una paciente que estaba en un vínculo muy complicado, un vínculo agresivo. Hasta que un día explotó la agresión en toda su magnitud y llegó al consultorio golpeada. La vi entrar, una chica muy jovencita, y verla así, con el ojo hinchado, con el labio partido. Hay gente que cree que los analistas nos sentamos y no decimos nada, que decimos: “¿De qué quiere hablar hoy?”. ¿Qué te pasó? Vení, pasá, sentate.
Y cuando me cuenta lo que había ocurrido con su novio, es muy difícil contener la emoción de tener enfrente a alguien que ha sido lastimado. Entonces le dije: “Pero basta, ¿por qué no te vas ya?”. Y me dice: “Porque lo amo”. Y la respuesta que me salió fue: “¿Y eso qué tiene que ver?”. ¿Quién te dijo que con el amor alcanza? Con el amor no alcanza. No alcanza para completar todas nuestras expectativas, no alcanza para que seamos absolutamente felices.
El amor es algo hermoso cuando es sano. El amor, cuando es entre dos personas que se respetan y que quieren construir juntas, sí, es lo más parecido a un milagro, porque es el mejor de los inventos que la humanidad pudo lograr. Permite mirar de frente a la soledad sin tanto miedo, caminar en un mundo donde existe la muerte sin tanta angustia. El amor te acompaña, te da un montón de cosas.
Pero, alcanzar como para que te deje en paz el deseo, las ganas de más, no, eso no lo vamos a lograr. Pero vos le agregaste a tu pregunta algo muy interesante porque le da otro enfoque. Dijiste: “No alcanza para sostenerlo”. Sostener un amor es un trabajo. El amor se construye. El amor se construye acordando. Se construye después de que pase ese primer momento donde el otro parece perfecto, ese enamoramiento inicial, mezcla de pasión, deseo, expectativas, ilusiones.
Porque al principio el amor te genera una ilusión. ¿Pero vos sabés qué es técnicamente una ilusión? Un trastorno de la percepción. Hay dos grandes trastornos de la percepción que vemos los psicólogos: las ilusiones y las alucinaciones. Una alucinación es una percepción sin objeto. Acá no hay nada y yo digo: “Mili, ¿quién es esta persona?”. Estoy teniendo una alucinación. Una ilusión es una percepción deformada de un objeto. Yo miro el vaso y te digo: “¿Quién es esta persona?”. Es decir, hay algo, pero yo lo veo distinto.
Es cierto que el amor te ilusiona, porque cuando tenés el enamoramiento, mirás a alguien y lo ves distinto, lo ves mejor, lo ves más bueno, lo ves más comprensivo. Al principio, te gustan actitudes que después vas a detestar. Al principio decís: “Mirá, no sabés, me gusta porque tiene carácter”. Un año después decís: “Ay, por Dios, con ese carácter que tiene, no, si es intratable”. Lo que al principio parecía una gran personalidad, después es un carácter intratable. “No sabés qué dulce que es”. Después decís: “No, ahí no hay caso, no se le puede pedir nada. Todo siempre como si todo le da lo mismo”. ¿Por qué? Porque cae esa ilusión y nos vamos encontrando con el otro.
Y cuando te encontrás con el otro, ahí empieza el desafío de ver si entre vos y yo se puede construir un amor. ¿Cómo te llevás con esas cosas que no te gustan de mí? ¿Las aceptás? ¿Las podés conversar? Yo puedo cambiar eso que a vos te molesta o puedo decirte: “Mirá, yo puedo cambiar hasta acá, más de acá no puedo”. ¿Te alcanza con lo que yo cambié como para que te quedes, para que sostengamos el vínculo? ¿O hay algo que vos decís: “Bueno, mirá, no, entonces no”?. Es muy complejo el tema de una relación amorosa y es muy doloroso también.
Sócrates decía, creo yo que en nuestros términos, confundiendo un poco el amor con el deseo: “El amor surge de la falta, uno ama lo que no tiene y cuando lo tiene no lo ama más, porque el amor tiene que ver con lo que no se tiene”. Yo creo que está hablando del deseo. Uno desea lo que no tiene, ¿no? Pero fijate esta idea inicial de la filosofía: amamos lo que no tenemos. Entonces, cuando lo tenemos, no lo amamos más.
Se une con lo que decía Schopenhauer: el ser humano vive eternamente entre la angustia de no tener y el aburrimiento de tenerlo. Me duele, me angustia cuando no lo tengo y cuando lo consigo me aburro. Él hablaba de esta frustración permanente. Yo creo que algo de razón tiene, pero no toda. Gran parte del desafío de un amor es encontrar el modo de soportar sin dolor aquello en lo que no podemos acordar.
Darnos espacios para ir a buscar en otros lugares las cosas que en el amor no están. No estoy hablando necesariamente de una pareja abierta. Si deciden abrirla, problema de cada quien. Si es la relación entre dos adultos, no juzgo nada. Pero hablo de que, por ahí, ese espacio te lo dan tus amigas. Una vez por semana me voy a comer con mis amigas, voy a jugar al fútbol con mis amigos, los domingos me encuentro a comer un asado con mi familia. Estás invitado a veces, a veces no. A veces me gusta salir a caminar solo. Lo que fuere. Me parece que es muy difícil el amor porque requiere una inteligencia emocional que muy pocas personas tienen.
LA FÓRMULA - ROLÓN - EP5 - EL AMOR NUNCA ALCANZA
-¿En qué medida la cantidad de roles que le exigimos a la otra persona —ser el mejor amigo, el mejor amante, quien escucha, la persona que admiramos, el mejor compañero— dificulta sostener un vínculo de amor y responde a un relato del amor romántico y de cómo debería ser una pareja?
—Fijate que es todavía mucho más cruel, porque no solo uno le pide al otro todos estos roles. El mejor amigo, el mejor amante, el mejor compañero, el que mejor escucha, el que mejor aconseja, el que mejor contiene y protege. No solo le pedís eso, sino que se lo pedís todo el tiempo. Y nadie puede estar en esas posturas todo el tiempo.
A lo mejor puedo ser un hombre que escucha muy bien a su pareja, pero un día no lo pude escuchar. A lo mejor contengo y un día no pude. A lo mejor trato de ser el mejor amante y un día no me salió, estuve más o menos. No me lo pidas todo el tiempo, porque todo no se puede y todo el tiempo menos se puede.
Cuando nosotros proyectamos eso en el amor y lo pedimos eterno a veces, en serio, en nuestra ilusión. Cierta vez me dice una paciente que se estaba separando después de más o menos veinticinco años de matrimonio. Tenían hijos y estaba muy angustiada y me dice esta frase: “Veinticinco años de mi vida para nada”. Yo, que hacía mucho que trabajaba con ella, le dije: “Pero no entiendo. Si yo no recuerdo mal, hace un tiempo, cuando murió tu mamá, vos me dijiste: ‘No sé qué hubiera hecho si no hubiera estado mi marido al lado’.
Cuando vos estudiabas para recibirte arquitecta, me decías: ‘No sabés, mi marido es un santo. Se queda con los chicos, cocina, nunca me reclama nada, me cubre’”. Le tiré cuatro o cinco frases textuales de ella, no juicios míos, textuales de ella. Y le dije: “En definitiva, lo que me estuviste diciendo todo el tiempo es que pudiste alcanzar tantas cosas, tantos logros, gracias a que ese hombre estaba a tu lado. Y hoy me decís por nada, solo porque se termina”. Le digo: “Qué injusta sos con vos, con él y con el amor que tuviste”.
A veces cometemos esas injusticias, que es la de juzgar algo solo por el minuto final. Me parece que cuando miramos un amor, y no solo cuando se termina, cuando estamos con alguien y nuestra pareja tiene un gesto que no nos gustó, tenemos que ponerlo en contexto de quién es esa persona, cómo se comporta. Tuvo un mal momento, pero está llena de buenas actitudes, de buenos gestos. ¿Por qué no le puedo permitir uno malo?
Hay una película que se llama Votos de amor. Una película pochoclera. Pero hay un diálogo entre una madre y una hija. La hija le está reprochando a la madre que ella se quedó con su padre después de haberlo descubierto en una infidelidad. Y la hija está enojadísima. “Te faltó el respeto, hizo esto, aquello. ¿Cómo fuiste capaz de perdonarlo, de quedarte?”. Y la madre la mira a los ojos y le dice: “¿Sabés por qué? Porque decidí perdonarlo por todas las cosas que hizo bien y no condenarlo por la única que hizo mal”. Es muy fuerte. No digo que sea una obligación perdonar, porque hay cosas que por ahí una persona no puede perdonar. Está bien, pero me gustó esa mirada.
Alguien dijo alguna vez que los poetas tienen derecho a ser juzgados por sus mejores versos y no por los peores. Son decisiones personales, pero me gusta esa mirada un poco más amplia de lo que es un vínculo, de lo que es un amor. Hoy qué bárbaro. No soy un genio porque te contuve hoy, si todos los días te trato mal. No soy un demonio, si hoy no pude contenerte cuando trato de contenerte todos los días de mi vida.
LA FÓRMULA - ROLÓN - EP5 - LE PEDÍS A TU PAREJA QUE CUMPLA TODOS LOS ROLES
—¿Tener apertura y no exigirle tanto al resto facilita perdonarse más a uno mismo y ser más amable con los errores propios y ajenos?
—Una de las formas del amor es el amor propio. Si estamos hablando de amor, también es cuánto me amo. También a mí mismo me puedo juzgar de una manera o de otra. Existe una patología, que algunos llaman trastornos narcisistas, que tienen la característica, como una de sus características sintomáticas, la de confundir la parte con el todo. Hoy me fue bien y listo, ya está, soy Messi. Mañana me fue mal, no sirvo para nada. Oscilan todo el tiempo entre creerse genios o creerse desechables. ¿Por qué? Porque no tienen un amor propio, no tienen una autoestima que los sostenga.
Hoy me salió mejor, hoy me salió peor. Hoy, la verdad, creo que estuve maravilloso. Hoy no se me cayeron muchas ideas. Bueno, no soy ni Dios ni el demonio. A veces tenemos esa tendencia, pero no solo a la hora de juzgar a los demás, sino a la hora de juzgarnos a nosotros. ¿Cómo te fue mal? No me hables. Se deprime. Pará. Listo, diste mal un examen, te sacaste un diez, tampoco sos Einstein por eso.
Me parece que el amor, decía sor Juana, es como la sal, daña su falta y su sobra. Si vos tenés, hablando de esto del amor propio, una desmesura de amor propio, sos un tipo difícil, alguien que cree que todo lo hace bien, que nadie hace las cosas como él, entonces va a tener muy poca tolerancia, tiene muy poco amor para dar, porque todo el amor lo vuelca sobre él. Ahora, si no tenés nada de amor propio, también estás en un problema.
Yo creo que se trata, tanto en el amor propio como en el amor al otro, de medir. No es intelectual, por supuesto, pero de tener la capacidad de que ese amor no se desmesure. Porque también te amo tanto que te tengo que ver todo el tiempo, no quiero que vayas sola a ningún lado, tengo miedo de perderte, me vuelvo celoso, obsesivo del control. No, no me ames tanto. Amame un poco menos, porque si no me ahogás. Y te amo tan poco que no me interesa nada de lo que pase con vos, tampoco sirve.
Me parece que el amor juega todo el tiempo, porque el amor, en definitiva, es una energía emocional. Y como toda energía, puede aumentar, disminuir. Hay días que a la persona que más amás no la querés a tu lado. Decís: hoy no tengo ganas de verlo. Hoy me iría, haría las valijas ya mismo. ¿Y por qué no las hacés? Porque es hoy. Porque mañana sé que voy a querer estar y me voy a dormir feliz de estar con esta persona. Esto es. El amor te lleva de un lado para el otro y justamente la integridad y la fuerza en tu estructura psíquica es lo que hace que puedas soportar sin derrumbarte esas conmociones que te genera una emoción tan potente.
LA FÓRMULA - ROLÓN - EP5 - EL AMOR PROPIO EN UNA PAREJA
—Hay veces que cuando a uno lo deja una pareja, cae en la trampa de sentir que no es suficiente, que no alcanza. ¿Cómo se puede trabajar ese sentimiento, considerando que el valor propio no depende de que alguien nos elija?
—No, lo que pasa es que todos necesitamos reconocimiento. Todos los seres humanos necesitamos reconocimiento. Algunos más que otros. Los que lo desmesuran y necesitan un reconocimiento todo el tiempo están en un problema. ¿Sabés qué es lo más importante que te brinda la persona que amás? Si te ama, la persona que te ama te coloca en un lugar único. Único. Está fuera de catálogo. No entrás en ninguna categoría para el que te ama. Sos vos.
Esos amigos, por ejemplo, que intentan consolar al novio abandonado y le dicen: “Bah, sabés la cantidad de mujeres que hay en el mundo”. No, no. De estas había una sola. Era una sola porque eso es el amor. Es transformar en único a alguien que para los demás es una persona más, pero no para el que te ama. Cuando alguien te deja de amar, te saca de ese lugar y te arroja al conjunto de las personas comunes y silvestres, como todos nosotros. Lo que más te duele no es perder al otro, es perder el lugar que el otro te daba. Eso es una de las cosas más difíciles de duelar.
Ahora bien, no podés asentar tu valor en la mirada del otro solamente. Si hablamos de amor de pareja, es muy complicado por esto que te estoy diciendo. Está bien, pero si sos una persona que se ha analizado, una persona que se conoce, decís: “Yo sé quién soy”. Igual, es intelecto, pero como dijo Pascal, el corazón tiene razones que la razón no entiende. Yo sé que no valgo más o menos porque me quiera o no, pero siento que valgo menos hoy, porque hay un lugar que ya no tengo. Es parte del duelo.
Ese es el trabajo del duelo, recorrer ese camino aun sabiendo que hay una vida después de este vínculo, que hay una oportunidad después de este trabajo que nos salió o de este partido que se ha perdido, de esta final que se ha perdido. Francia tendrá otras oportunidades de ser campeón del mundo de fútbol, pero la que perdió les dolió muchísimo. ¿Por qué? Porque era esa la que querían.
Entonces se trata de trabajar. Bueno, listo, muchachos. Tendremos revancha en la vida con otro amor, con otro sueño, con otro trabajo, con otro proyecto, pero lo que se pierde se tiene que duelar. La palabra duelo es una palabra muy hermosa y muy compleja, porque tiene una doble etimología. Proviene de “dolum”, que quiere decir pelea, y de “dolus”, que quiere decir dolor. Cuando juntás esos dos sentidos, encontrás que entonces es una batalla dolorosa.
Eso es el duelo, la dolorosa batalla que tiene que llevar adelante el que ha perdido algo que ama. Nadie duela a lo que no amó. Si decís “mirá, sí, se terminó, pero la verdad que estoy muy bien”. Mi pregunta sería: ¿y qué hiciste los últimos diez años al lado de esta persona si no te duele perderla? El amor y el dolor van ahí. Subirse a una historia de amor es aceptar que en algún momento vamos a sufrir. No padecer patológicamente, no hablo de un vínculo enfermo. En los mejores vínculos hay momentos donde algo duele. Y si no estás dispuesto a pagar el precio de vértelas con un cierto dolor, no deberías enamorarte nunca.

El podcast aborda cómo la intensidad amorosa no siempre garantiza la estabilidad (Freepik)
—¿Nos enamoramos siempre de un mismo rasgo o faceta, que luego encontramos en distintas personas pero que definimos desde muy jóvenes?
—Sí, desde chicos, desde niños. Porque amar se aprende. Amar se aprende y vos incorporás los rasgos de amor. No sé, tuviste una madre que te cuidó mucho y a lo mejor te quedó grabada la mirada de esa mamá. A lo mejor te quedó grabada una inflexión de la voz de tu padre o de un abuelo o de alguien. O te quedó grabada una manera de tratarse de la familia en la que creciste. Son rasgos imperceptibles, rasgos inconscientes, que unimos con el amor.
Y vamos por la vida buscando, sin saberlo, alguien que tenga esa mirada, esa manera de mirar que tenía mi mamá, a lo mejor. Yo no lo sé, pero hay muchas personas y cuando yo hago así y encuentro esa mirada, digo: “Che, me gustó esta chica”. ¿Por qué? No lo sé, pero seguramente tiene ese rasgo que yo amo. Y ahí hay que empezar a convivir en una situación compleja, porque el otro encontrará, si tengo suerte, algún rasgo en mí que haga que me ame.
Pero no existe la media naranja. A todos nos falta un gajo, dos por lo menos. No vamos a completar a nadie. Vamos a tener que ver cómo nos vemos con este aspecto donde el otro no puede o donde yo no puedo. Y ahí empieza este punto.
Ahora, con respecto a este rasgo de amor, ¿cuál es el problema? Que a veces ese rasgo es un rasgo patológico. Me enamoré, tomé como rasgo de amor la indiferencia que mis padres tuvieron por mí. Mis viejos hacían su vida, viajaban, me dejaban un día con mi tío, un día con mi abuela. Nunca les importó, no vinieron nunca a un acto del colegio. Y tomé eso como rasgo de amor. Entonces voy y me enamoro de esas personas que me tratan de un modo indiferente y sufro. Ahí es donde ese rasgo me lleva a amores sintomáticos.
Ahí es donde entramos los analistas a ver qué ama. Cuénteme, ¿y su pareja anterior? No es que somos buscadores del arca perdida. Todo el mundo piensa, los analistas: “Oh, se meten con la infancia, se meten con la historia”. A mí no me interesa el pasado de alguien más que cuando ese pasado se hace presente. ¿Por qué me interesa saber cómo le fue con la pareja anterior? Porque quiero ver qué repite, qué rasgo está repitiendo en sus elecciones. “¿Te diste cuenta que casualmente todas las personas de las que te enamoraste te trataban con un poco de indiferencia?”. Y el paciente dice: “No, ¿por?”. Se sorprende, porque le agarraste el rasgo.
Y a partir de ahí es donde podés empezar a decir: “¿Por qué? ¿Quién te trataba con este nivel de indiferencia? ¿Cuál es la primera imagen que se te viene de haber sentido que no le importabas al otro?”. Ahí empieza el trabajo. Pero no es para ir y remover porque sí en el pasado, es porque ese pasado se hace presente, porque se repite. Ser humano repite todo el tiempo. Somos una máquina de repetir. Eso es el inconsciente. No es una caja donde están guardadas cosas raras. Es la repetición que hago todo el tiempo, con algunas variaciones, como para no ser tan obvio, el inconsciente es inteligente, pero se disfraza. Pero si es este por este, este por este, el rasgo en común, todos indiferentes, de verdad.
Entonces, ahí es donde nos interesa eso, porque trabajamos con esos rasgos del amor. Rasgos que perseguimos y que a veces está buenísimo. ¿En serio te enamoraste de la mirada tierna de tu madre y querés alguien que te mire con ternura? No lo pienso tocar. No pienso tocar ese rasgo porque es hermoso. Ahora, si te enamorás de alguien que te trata mal, ahí sí tengo que entrar a trabajar para ver cómo le quito fuerza a ese rasgo que te recorre.
LA FÓRMULA - ROLÓN - EP5 - DUELAR EL LUGAR QUE EL OTRO TE DABA
—El otro día alguien te preguntó cómo se encuentra el amor y vos le dijiste: “No, el amor no se encuentra, se construye”. A lo sumo podés ir y encontrarte un deseo. Pero creo que vivimos un poco con esa percepción de que el amor es algo que uno se encuentra por la vida, ¿verdad?
—Claro, pero esa es una manera de no responsabilizarte de tu vida. Entonces decís: “No lo encontré”. Termina la vida. ¿Nunca te casaste? “No, no encontré a la persona”. Sí, es como quitarle responsabilidad, como decir: “No quise, no me interesó”. Listo, te hacés cargo de una decisión o de una falta. Nunca supe construir un vínculo de amor. Es más fácil decir: “No me llegó, no lo encontré, se ve que no era para mí. Y bueno, mi destino”. Es proyectar al mundo o a otros una responsabilidad que es propia.
Porque también uno se dice: “Nunca me enamoro de nadie”. Quiero mucho a una gran persona a la que le cuesta mucho construir vínculos de amor, a la que le es imposible construir vínculos de amor. Y es una gran persona, pero en el momento en el que pudo decir: “No es que no me interesa, dejame, ya está, yo no necesito a nadie, yo no quiero”. El momento en el que se corrió de la excusa y empezó a ver: “Yo no puedo, no es que no deseo, no puedo”. Ese es el momento donde empezó el trabajo para ver si podía.
Pero es indefectible que el amor es un territorio complicado porque se mueven allí nuestra historia, lo que nos faltó, lo que tuvimos, lo que deseamos, lo que tememos. Todo se juega en ese vínculo tan fuerte, tan potente que es el amor.

La idealización romántica es cuestionada desde una perspectiva clínica (Imagen Ilustrativa Infobae)
—Entre todas las historias de parejas que conocés y de pacientes, ¿cuáles sentís que son las parejas que mejor funcionan?
—Mirá, las parejas que mejor funcionan son las que trabajan mucho. Son las que reconocen que el amor sucede. ¿Qué quiero decir con esto? Que no tienen un checklist de lo que esperan del otro. Como si estuvieras buscando un gerente que hable inglés y sepa de contabilidad. El amor te sucede y vos tenés una cuota muy pequeña de libertad. No podés amar a quien quieras, pero sí podés no amar a quien no querés amar. ¿Qué quiero decir? No podés imponerle a alguien el rasgo que te enamora, pero sí cuando te das cuenta de que ese rasgo te hace mal, podés decidir no darle tiempo a la construcción de ese amor. ¿Se entiende?
Entonces, las personas que construyen un amor que funciona bien, que resulta sano, son, en primer lugar, aquellas que tienen un amor propio estable, considerable, sano. Tienen seguridad en sí mismas. No híper, pero se quieren. Pueden decir: “No me merezco este trato”. Tienen autocrítica como para decir: “Sí, acá hay algo que yo voy a tener que cambiar si quiero estar con esa persona”. No se sienten amenazadas ante cada crítica y no sienten que pueden indicarle al otro cómo se vive.
Es ese tipo de personas, si además se reconocen en ese rasgo y están dispuestas a trabajar, las que tienen un buen pronóstico amoroso. Aquellas personas que dicen: “No sabés, cuando nos vemos nos matamos, tenemos una piel, tenemos una cosa”. Está todo bárbaro. A veces eso es hasta un problema porque es muy difícil lograr que alguien salga de un vínculo que lo apasiona tanto. Y a veces esa pasión lo lastima, pero lo sostiene, lo atrapa.
Creo que el deseo, la pasión, son fundamentales, pero no son decisivos si no se combinan con otras cosas. Lo primero es entender este milagro que es el amor, cuando es sano. La palabra milagro es nada más que una metáfora, digámoslo así porque es poético, pero fruto de un trabajo. Y el trabajo no debe hacerlo uno solo.
Las parejas que funcionan son las parejas donde trabajan los dos. Donde hay uno que se siente en la obligación de trabajar para acomodarse a lo que el otro espera y el otro está ahí cómodamente, ahí se desnivela. Se desnivela porque se vuelve asimétrica. Y pareja es justamente una relación pareja, un vínculo parejo, donde los dos ponemos, trabajamos, asumimos errores, tenemos la opción de reclamar algunas cosas, perdonamos, pedimos disculpas.
Yo creo que, por decirlo de algún modo, las personas que están bien consigo mismas, que han logrado un mínimo equilibrio, cuando se encuentran y encima portan ese rasgo, son las que pueden fusionar como un hermoso amor.
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